Reflexiones sobre la conquista cultural
Hoy por cuestiones de la vida, tuve que almorzar en el McDonalds. Adelante mio en la fila para pedir la comida estaba un pequeño grupo de gringas. Me puse a pensar que se deben sentir como en casa comiendo ahí.
Muchos pensarán que el colonialismo terminó hace alrededor de 200 años acá en el sur de América. Tal vez ya no escuchamos decir "¿Quién vive" -"España" u otras referencias a la corona ibérica, pero hoy hacemos venias y alabanzas a otros lares.
Tan ansiosos estamos por ser parte del imperio del norte que cada día se ven menos letreros de tiendas y locales en español. Y no solo eso, sino que estos letreros, además de hacer referencia al idioma de otro país, lo hacen mal. Dos ejemplos de Quito:
Tan fácil ha sido esta conquista, porque ha sido impuesta por nosotros mismos. Cada vez nacen más Brians, Jonathans, Donovans, Jimmys... Cada madre o padre tiene el derecho de ponerle a su hijo el nombre que quiera (lean el gracioso ejemplo de Chone, Ecuador), pero noten como desde hace 20 años los nombres han ido anglicanizándose (o agringándose, como se dice por estos lados).
Terminé esta reflexión al llegar a la realización de que un gringo puede sentirse como en casa en cualquier rincón del planeta, como resultado de su conquista mundial, porque tiene y siempre tendrá a la mano un Burger King, KFC, Coca Cola, French Fry e incontables locales de tiendas, restaurantes, bazaares y demás con el lenguaje de Washington...
hablo de George Washington, no de don Washo, el mecánico de más abajito.
(ya quisiera visitar Hong Kong y poder pegarme un buen hornado, o un delicioso ceviche de camarón en los Alpes suizos... ¿Diga?)



